Unreality


En éstas imágenes, percibo al maniquí como ese personaje perfecto, bello, bien vestido que, detrás de la vitrina, parece ver con nostalgia hacia afuera, el mundo real, del que no es parte. ¿Qué no darían estos seres sin vida por formar parte de nuestro mundo, el mundo verdadero en dónde su existencia no consistiera simplemente en verse ¨bien¨? Con el paso de los años los maniquies han ido cambiando de forma, hay unos que parecen ser cada vez más humanos; tienen pelo, pestañas, uñas, pezones... Siguen ¨imitando¨ la figura humana pero en realidad cada vez son más artificiales. Irónicamente, esas criaturas imponen un ideal de estética a las personas del otro lado del vidrio, cuya apariencia parece ser, en cambio, cada vez más artificial. Como si los seres humanos, en un intento por esconderse del mundo verdadero, se esforzaran por ser cada vez menos humanos. Encuentro un juego de ambiguedad e ironía en ésta falta de identidad, en la superficialidad del mundo consumista ante una realidad palpable y sensible; en la yuxtaposición de ambos mundos. Los maniquies son bellos dentro de los parámetros de una estética absolutamente artificial. Dentro éste tipo de parámetros de belleza, en donde no existe nada más importante que la belleza física a costa de cualquier cosa, no se és más que un personaje inanimado detrás de un vidrio, el vidrio que separa el mundo real del de las apariencias, creado para ser visto —sin otro propósito en la vida que el de verse ¨bien¨—, absolutamente vacío, como los maniquies de las fotografías.