





Coney Island es una feria en una playa, pero también el área residencial de la clase media y baja al sur de Nueva York.
A partir de las exposiciones universales de principios del siglo XX en Coney Island, un área que había pasado de ser una playa exclusiva para las clases altas, a un centro de mala muerte, mafias, prostitución y casinos, surgen establecimientos para diversión de la clase media. Nacen entonces las famosas montañas rusas, tiros al blanco y circos y se extienden hasta que la playa se vio delineada por innumerables parques a lo largo de la costa atlántica. Allí nace el hot-dog, dando paso a un mercado de comida chatarra que al día de hoy resulta ser un éxito entre las personas que acuden y habitan la isla, en su mayoría afroamericanos y latinos emigrantes.
Desde mediados del siglo pasado, muchos de ésos parque se convirtieron a en viviendas colectivas de interés social, las cuales son parte de su paisaje actual.
A partir de entonces, éstos conjuntos habitacionales se fueron poblando de personas en situaciones económicas desfavorables, llevando al área un ambiente de hostilidad, poblada principalmente por desempleados y vándalos, que a su vez incrementaron el nivel de criminalidad en sus calles.
Actualmente Coney Island, o “la isla de los conejos” como la habrían de bautizar los colonos neocelandeses, es una mezcla de culturas y costumbres que se reúnen en un parque de atracciones desgastado, decadente; Astroland.
Un lugar dónde la diversidad cultural no es un problema sino una de sus tantas características.
Es difícil pasar por alto la riqueza que éste lugar aún hoy posee. Gente curiosa, gente “extraña” caminando por el boulevard Riegelmann a lo largo de la playa blanca, bailando, sentada en las bancas, comiendo un helado o un hot dog.
Gente tan diversa compartiendo un espacio. Gente que ríe, gestos duros, diversión y pobreza. La cultura americana en su máxima expresión, la cultura de los viejos y nuevos inmigrantes, el peso de la historia; un lugar donde convergen todas las diferencias, y pasan desapercibidas.