



Sin el Orden de las Cosas es una exposición que asume la imposibilidad de definir una línea entre el espacio público y el privado. Cada uno de los creadores que participan en esta muestra ha incursionado en un tema que implica una negociación permanente; y, como auténticos voyeuristas de su entorno o de ámbitos totalmente ajenos, nos muestran observaciones fotográficas.
Para comenzar, ésta es una colección que denota un estado de melancolía. En esa melancolía del individuo contemporáneo, que alguna vez diagnosticó el antropólogo Roger Bartra, probablemente encontramos la explicación de la tristeza y decadencia que supone ser observados de modo permanente y la constatación de que son escasos –si no inexistentes – los espacios donde el ser humano puede sustraerse de la mirada ajena y de sus defectos. Sin embargo, en un nuevo orden de contradicciones también ronda el temor de contar con ese ojo ajeno. Una condición de esta época es que las personas necesitan el lente de la cámara como prueba de su existencia. En su conocido ensayo sobre la fotografía, Susan Sontag ya mencionaba el estigma que significa no tomar fotografías al proceso de crecimiento de los niños. Sin duda, el hecho fotográfico nos acompaña permanentemente y la privación de la privacidad es un factor autorizado. Negarse a registrar los rituales sociales es un acto de agresión cultural impropio de las buenas familias (…).
Impresiona (…) el valor que la sociedad contemporánea ha conferido al mundo de la moda y cómo éste ha achatado el ejercicio de tomar decisiones que validan o invalidan las distintas nociones de belleza. Andrés Asturias (…) se toma un respiro para mostrar una serie de fotografías que fueron tomadas sin las condiciones del encargo o las presiones del consumo. Sin las reglas “clásicas” del oficio, Andrés va más allá de la superficie de las cosas y muestra los temas menos glamorosos. El matiz de ausencia que denotan sus fotografías las transforma en motivos extraños pero que invitan a una divagación que tiene poco o nada de hedonista.
Rosina Cazali